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Verte bien para sentirte bien en épocas difíciles

Estos meses han tocado cada rincón de mi alma. Primero, me hicieron sentir vulnerable; cuando mi mamá, de 89 años tuvo Covid, entendí que no alcanzaban mis brazos para proteger a los que más amo. Así han transcurrido los meses, y los altibajos no han parado.  Por días me he sentido plena, cómoda, y otros tantos con temores y zozobras. Sin embargo, hay una constante en estos días llenos de reflexión: Darle otro sentido al bienestar y a la forma en la que me siento. Mis objetivos son los mismos, pero mis razones son otras.

Encontré, al igual que muchos, varios caminos para hacer de estos meses grandes oportunidades, para estar mejor en muchas áreas de mi vida que no me encantaban. Tomé cursos y coaching de varios temas, me inscribí a esas clases que siempre le había tenido ganas y que no podía ir por distancias o falta de tiempo. Recuperé espacios perdidos en mi casa y en mi vida por situaciones o gente que no me encantaban.  Puse en orden mi cabeza.

Pero un día, limpiando mi closet, dejando sólo lo que tanto me gustaba, entendí que nunca más iba a usar algo que no me encantara. Generalmente, así he funcionado. No creo en la colimetría, ni en la ropa que va con la forma de cuerpo, ni creo en reglas pre-establecidas. Creo que la ropa es como el perfume, es una extensión de ti.  En esta etapa, comprendí que no hay tiempo que perder, es hoy el momento cuando debes usar todo aquello que solo te hace fuerte, feliz, plena; y puede ser desde unos calcetines hasta los aretes que te heredó la abuela y sólo usas en ocasiones especiales.

Usando estos accesorios, prendas y/o accesorios, ayudas a que esos gusto y memorias estén a flor de piel. Con el simple hecho de verlos en ti, pueden llevarte a sentir ese momento… esa ilusión.

Sólo sintiéndome bien, he sido capaz de no tirar la toalla y no olvidar que vale la pena seguir sonriendo. En estos meses, he logrado comprender que el problema era que antes me vestía para que los demás me vieran bien, y ahora lo hago para sentirme bien conmigo, para gustarme al 100 a mí. No cambié la forma en cómo me arreglaba, cambié la forma en como me veo a mí misma. No hay nada para días especiales, cualquier día es un día especial.

Este pequeño cambio tuvo grandes efectos en mi día a día; aprendí a acomodar mi agenda con más inteligencia, ahora soy muy celosa de mi tiempo. Entendí que decir “No” a miles de citas, compromisos sociales que no son meramente necesarios, no es grosería, es simplemente decidir o elegir lo que se debe o quiere hacer.  Entendí que el cuidarme, no es por vanidad, es porque quiero sentirme bien en todos los sentidos, ya que es mi terapia, donde respiro, donde el silencio me acompaña y logro hacerme de energía para estar bien con mi familia y mi entorno.

Dicho cambio también lo aplico en mi trabajo, donde hoy prevalece más una buena actitud que una gran capacidad. Me apasiona integrar a la familia Kokolet una marca que tenga alma, personalidad, que yo usaría; porque hoy entendí que la moda y la vida, van de la mano. Es la forma de gritarle al mundo cómo está tu verdadero yo.   

Toda esta historia inició en mi clóset, eligiendo qué ponerme para un día cualquiera en una cuarentena, la cual ha durado más de 400 días.  El verte bien, en estas épocas es una manera de echarte porras en silencio y gritarte a diario que sí puedes, que llevas pudiendo muchos más días de los que tú misma imaginabas ¡Y lo estás haciendo muy bien!

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