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¿Has subido de peso durante el confinamiento?, puede ser hambre emocional

Si te has dado cuenta de que en estas últimas semanas o meses has comenzado a comer mucho más que
antes y sin ninguna razón, y más en este tiempo de confinamiento, puede ser que estés experimentando
hambre emocional.

El hambre emocional, como su nombre lo indica, está completamente ligada a las emociones, y es que la
frustración, estrés, preocupación, tristeza o algún malestar personal son lo que la provocan.

Debes identificar si el hambre que tienes es real o emocional. El hambre real es aquella que como
sabemos viene del estómago, es nuestro propio cuerpo pidiéndonos algún alimento para proporcionarle
nutrientes y energía para continuar con las actividades diarias, cosa contraria con el hambre emocional.

En el hambre emocional es nuestra mente quien pide el alimento, como un escape a todo lo que sucede
de manera externa, que por lo general son situaciones que no podemos controlar. De esta forma al comer,
nuestra mente y pensamientos se enfocan en algo completamente diferente a la realidad; en otras
palabras, nuestra mente usa la comida como un escape.

Ahora más que nunca las emociones de cientos de personas se encuentran alteradas, pues honestamente
todos hemos pasado por mucho en muy poco tiempo, y es entendible que nuestra conducta alimenticia se
vea afectada.

Hay varias razones por las que comemos y pueden ser:

  • Porque estamos preocupados y comenzamos a tener ansiedad.
  • Nuestra mente encuentra refugio en la comida, porque al ingerir nos sentimos bien.
  • Estamos evitando algo que sin duda alguna debemos prestarle atención, aunque no lo deseemos.
  • Comenzamos a entrar en depresión y la comida se convierte en nuestra compañera.

Debes saber algo: el hambre emocional no se elimina, se trabaja con ella y así es como se aprende a
controlarla. Algo primordial que debes hacer es preguntarte ¿de dónde nace esta necesidad de comer?,
¿cómo te sientes?, ¿qué es lo que verdaderamente necesitas para sentirte bien?

Si logras identificar de manera sencilla las razones por las que comes de esa forma, será más fácil
controlarlo, aunque siempre es recomendable hablarlo con un terapeuta, de esta forma te podrá decir lo
que puedes hacer.

Y algo muy importante: la comida y tus emociones no son tus enemigos, solo debemos de aprender a
escucharnos.

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