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¿Se puede aprender a ser feliz? ¡Claro que sí!

Hagamos un ejercicio. Recuerda algún suceso de tu vida que te hizo enojar
muchísimo. ¿Ya lo tienes en la mente? Bien, ahora dime cómo te sientes. Tienes
las mismas sensaciones que cuando sucedió, quizá no con la misma intensidad,
pero pensar en ello te enoja, incluso lo sientes en tu cuerpo.
Ahora, trae a tu mente un recuerdo triste. Busca en los compartimentos de tu
memoria y elige el más triste. Sucede lo mismo que con el anterior, las
sensaciones regresan a ti e incluso tienes ganas de llorar. ¿Y si seleccionas un
pensamiento alegre? Sentirás la alegría nuevamente y hasta descubrirás que
sonríes.
Este pequeño ejercicio nos ayuda a entender que las emociones, ya sean
positivas o negativas, influyen en tu estado de ánimo, en la biología de tu cuerpo y
en la actitud que tienes ante la vida; y no solo eso, sino que nos permite darnos
cuenta hasta qué punto controlamos nuestros pensamientos.
Tú trajiste esos pensamientos y tuviste diversas reacciones emocionales y físicas;
al final, te pedí que trajeras un pensamiento feliz, de modo que tu atención se
desvió de las emociones negativas a las positivas y ahora mismo sientes todavía
esa felicidad.
Es decir, utilizaste el libre albedrío. Como seres humanos tenemos la capacidad
de centrar la conciencia en cualquier cosa que queramos: cómo y dónde ponemos
nuestra atención y por cuánto tiempo lo decidimos nosotros, entonces ¿por qué es
tan difícil centrarnos en pensamientos útiles, positivos?
En qué pensamos y por cuánto tiempo determina nuestra actitud ante la vida. Es
indudable que hay situaciones que no controlamos: un desastre natural, las crisis
económicas, la pérdida de un ser querido, en fin múltiples situaciones, y los
sentimientos como el enojo, tristeza, frustración y pena son normales en el ser
humano, el problema es quedarte atado a ellos no solo por días, sino por años.

Hay quienes perdieron su trabajo y se sienten frustrados, pero lo perdieron hace
seis meses y siguen viendo la vida detrás del cristal de la frustración y eso les
impide buscar soluciones, darle la vuelta al pensamiento negativo y convertirlo en
algo positivo, por ejemplo, creatividad.
Sí, en lugar de regodearte en la frustración, concentras tu mente en buscar
soluciones creativas: en tu propio negocio, en cambiar de profesión, en dar un
paseo en el que disfrutes de la naturaleza, tu mente puede sorprenderte y abrirte
la puerta a muchas opciones que no veías porque estabas enfrascado en la
frustración.
Eso pasa con todos y cada uno de los pensamientos negativos, que parece que
son muy adictivos porque vuelven y vuelven a nosotros, pero recuerda el ejercicio
que hicimos al principio: tú decides en qué concentras tu conciencia (tu mente),
cómo y por cuánto tiempo.
Déjalos ir, diles adiós
Se dice que tenemos alrededor de 60 mil o 70 mil pensamientos al día y cada uno
de ellos provoca un torrente de emociones y sensaciones, esto es a nivel
emocional y físico. ¡Detente y analiza! ¿Qué tipo de pensamientos son? ¿Quieres
seguir en el mismo proceso de traer solo pensamientos negativos, no solo los de
ese día, sino los de días anteriores o hasta años previos?
¡Siéntelos!, porque es natural sentirlos, pero déjalos ir, no dejes que gobiernen tu
vida, no dejes que construyan una malla por la que se filtrará tu actitud ante la
vida. Al darles el justo valor, al decidir si te detienes en ellos o sigues adelante,
estarás dando el primer paso para cambiar, reinventarte, tomar decisiones desde
una perspectiva más positiva.

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