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¡Cuidado con la soledad!, no la subestimes

Todos hemos sentido la soledad en algún momento de nuestras vidas: cuando un
joven se va a otra ciudad para estudiar la universidad, cuando conseguimos
trabajo en una ciudad nueva, cuando una persona mayor sobrevive a su esposo,
etcétera.
La soledad es un hecho amargo de la vida, pero generalmente es transitorio, es
decir, el joven estudiante encontrará nuevos amigos, irás conociendo a tus nuevos
compañeros de trabajo y hasta el anciano puede superar esa etapa enfocándose
en su familia o en nuevos amigos.
El problema es cuando la soledad se vuelve crónica, cuando de pronto se
convierte en un laberinto del que no es posible escapar. La soledad de este tipo
trae consigo serios problemas de salud sicológica y física, de acuerdo con el
sicólogo John Cacioppo de la University of Chicago en Illinois.
Cacioppo y su equipo de investigadores han estudiado los efectos biológicos de la
soledad crónica identificando efectos negativos a nivel cardiovascular, del sistema
inmune y del nervioso en los pacientes. Estos descubrimientos pueden, incluso,
ayudar a explicar por qué los estudios epidemiológicos generalmente arrojan que
las personas solas son más propensas a sufrir infecciones, enfermedades del
corazón y depresión.
“La soledad, dice Cacioppo, es mucho más seria de lo que se pensaba”. Así que
no la subestimemos. Por sí sola es un riesgo para la salud y si además de ello
consideramos que se le unen la depresión y el estrés (Cacioppo los llama
compañeros de viaje de la soledad), la situación empeora.
Tomemos en serio nuestras relaciones sociales
A primera vista puede parecer muy superflua esta afirmación, pero los estudios de
Cacioppo han sido confirmados por un nuevo estudio cuyos resultados fueron
publicados este 2015 por la Brigham Young University.
Esta nueva investigación fue llevada a cabo por los sicólogos Tim Smith y Julianne
Holt-Lunstad y demuestra que la soledad tiene efectos tan graves como la
obesidad, por lo que debería empezar a ser considerada como un problema de
salud pública. Esta investigación analizó diversos estudios previos sobre el tema,
los cuales suman más de 3 millones de participantes incluidos personas solas,
personas aisladas socialmente y quienes viven solas.

Dentro de este contexto, los investigadores aclaran que tanto la soledad subjetiva
(sentirse solos aunque estén con amigos, familia, etc.) como el aislamiento social
son peligrosos para la salud y que al parecer se presenta un incremento entre la
población menor de 65 años.
Hay muchas maneras de enfrentar la soledad. Unas tan simples como decir “Hola”
a tu vecino y de ahí iniciar una plática, salir a tomar un café (ya no pongas
pretextos), llamar por teléfono a tus padres, ir al parque a pasear a tu perro y
entablar conversación con alguien.
Pero, también, hay a quienes les cuesta muchísimo trabajo salir de ese estado de
soledad y no basta un “hola”. Para esos casos, busca ayuda especializada, no
subestimes esos sentimientos, la soledad es peligrosa, no dejes que te atrape
más.

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